
Ojo pequeño, vivaz e inocente, entre las metálicas pestañas rectas se escabulle, parece inmóvil, pero su alma inquieta revolotea de aquí a allá. Imperceptible y mágica.
lunes, 17 de agosto de 2009
domingo, 2 de agosto de 2009
Cada tarde se sentaba a contemplar el paso de las horas; rutina algo silenciosa e imperceptible. Nadie notó cuando empezaron a caer sus dientes, ni el blanqueamiento de su cabello, tampoco nadie notó cuando sus hábiles manos dejaron de tejer aquellas trenzas de eternas soledad, ni cuando dejó de faltarle el respeto a la escritura y nadie supo cuando se le nublaron los ojos y su banal divertimiento dejó de serlo.
Nadie solía ser buena compañía, ahora llora su soledumbre.
viernes, 31 de julio de 2009
Que falta de respeto le parecía a Pancracia –la puerta del 1038-, que el cartero traspasara su densa anatomía y por una rendija colara papeles de colores de variadas procedencias. Ella sufría bochornos cada vez que esto acontecía, nadie lo notaba –para su tranquilidad-. La calma era momentánea, nunca sabía cuando aquel hombrecillo volvería. Por eso practicaba su expresión en el espejo del pasillo.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Se derrumba el tiempo contenido en el adobe descolorido. La transparencia deslumbrante del pasado en un pretérito imperfecto se ha alejado a paso lento sin protagonismo, hoy yacen en un arco iris melancólico sus últimos tintes, estos ya no pertenecen a la gama cromática elegida por su primer amo.
cantó Elena Mardorf eso jue el miércoles, diciembre 17, 2008
Etiquetas: puertas y ventanas
lunes, 15 de diciembre de 2008
viernes, 24 de octubre de 2008
jueves, 23 de octubre de 2008
De madera natural, pintada o barnizada, de metal, con ojo mágico, con vidrios –otra clase de ojo mágico-, con adornos para las fiestas, enrejadas y polvorientas, herméticas y no tanto. De ellas se cuelan gritos, aullidos, delirios, risotadas, cantos, discusiones acaloradas. Ocultan sueños, resquemores, pasiones, conversaciones de sobremesa.
Ellas lloran en silencio, en un grito que se atasca en sus betas. Padecen de insomnio crónico, a veces cuentan las estrellas, entablan amistad con árboles y malezas. Reciben correspondencia, boletines y publicidades. Poco saben de farándula, gustan oír cuentos de niño, se sonrojan cuando las golpea –dulcemente- una hoja seca.






