De madera natural, pintada o barnizada, de metal, con ojo mágico, con vidrios –otra clase de ojo mágico-, con adornos para las fiestas, enrejadas y polvorientas, herméticas y no tanto. De ellas se cuelan gritos, aullidos, delirios, risotadas, cantos, discusiones acaloradas. Ocultan sueños, resquemores, pasiones, conversaciones de sobremesa.
Ellas lloran en silencio, en un grito que se atasca en sus betas. Padecen de insomnio crónico, a veces cuentan las estrellas, entablan amistad con árboles y malezas. Reciben correspondencia, boletines y publicidades. Poco saben de farándula, gustan oír cuentos de niño, se sonrojan cuando las golpea –dulcemente- una hoja seca.